Anda y ve
Dijo el Eterno a Binyamin: vete de tu país y de tu lugar natal y de la casa de tu padre, a la tierra que habrás de encontrar.
Y te haré un corazón grande, te bendeciré y engrandeceré tu lengua y deja testimonio.
Bendeciré a los que lean tus palabras y al que te maldiga, maldeciré y serán iluminados por tu causa todos los ojos que lean lo visto por ti.
Encaminose pues Binyamin, tal como le dijo el Eterno, y partió con él su comitiva. Y Binyamin era de la edad de treinta al salir de Tudela.
Tomó Binyamin su pergamino y partió para dirigirse a la tierra de Israel y llegó hasta la tierra de Israel.
Pasó por Zaragoza y Barcelona y se internó Binyamin en la tierra de la Francia y hasta la bota italiana y la Grecia de las leyendas, para luego llegar a Constantinopla.
Se desplazó desde allí hacia Tierra Santa y tendió allí su tienda; luego continuó hacia el Tigris y enfiló hacia Bagdad, conoció Persia y luego bajó a Egipto.
Partió Binyamin, marchando y desplazándose hacia Sicilia para luego volver a Navarra. Y a la sazón los hombres estaban en todas las tierras. Y habló con ellos todos y los escuchó y escribió sus palabras tal como le vinieron.
Y se reveló el Eterno en cada una de esas voces y dijo: “Esta es tu herencia”. Y no hubo necesidad de erigir un altar porque ya lo había escrito.
C/S.


